Pedir dinero no es malo, pero sí hay que hacerlo con cabeza
Pedir un préstamo no te hace irresponsable. Al contrario: puede ser una buena herramienta si la usas bien. Pero el problema empieza cuando tomas más de lo que necesitas o sin pensar en cómo vas a pagarlo. Ahí es cuando el crédito, en lugar de ayudarte, termina por ahogarte.
La buena noticia es que evitar eso es más fácil de lo que parece. Solo necesitas tres cosas: saber cuánto dinero realmente necesitas, entender tu capacidad de pago y elegir un plazo que se adapte a ti (no al revés). En este artículo te voy a contar cómo hacerlo paso a paso, sin tecnicismos y con ejemplos reales.
Paso 1: Calcula cuánto realmente necesitas
La mayoría de las personas se endeudan de más no por necesidad, sino por impulso. Piden un poco extra “por si acaso”, o porque creen que si ya están haciendo el trámite, mejor aprovechar. Pero ese “por si acaso” se convierte luego en meses – o años – de pagos innecesarios.
Antes de llenar la solicitud, haz una pausa y responde honestamente: ¿Para qué necesito el dinero y cuánto cuesta exactamente eso?
1. Haz una lista de lo esencial.
Anota lo que realmente vas a pagar con ese préstamo: una reparación, una emergencia médica, un curso, una deuda que quieres consolidar, etc. Sé específico. Si son varios gastos, suma todo y agrega un pequeño margen (10% máximo) para imprevistos. Más de eso ya es exceso.
2. Evita el autoengaño.
Si algo en tu lista no puedes justificar con una razón clara, probablemente no lo necesitas. Pedir dinero “porque sí” es el camino más rápido al sobreendeudamiento.
3. Piensa en el después.
Cada peso que pidas hoy tendrá que salir de tus ingresos futuros. Así que no te preguntes solo “¿puedo conseguir el préstamo?”, sino “¿puedo vivir tranquilo mientras lo pago?”
Por ejemplo: si necesitas 10,000 pesos para reparar tu coche, pedir 15,000 “para tener un colchón” puede parecer buena idea. Pero esos 5,000 adicionales no son gratis: pagarás intereses por ellos durante todo el plazo. Y al final ese colchón te costará mucho más caro.
Pide solo lo que necesitas y puedas justificar. Tu yo del futuro te lo va a agradecer.
Paso 2: Evalúa tu capacidad de pago
Aquí está el punto clave que muchos ignoran: no importa cuánto necesites, sino cuánto puedes pagar sin quedarte sin aire.
Un préstamo bien elegido no se mide por el monto aprobado, sino por la tranquilidad con la que lo pagas cada mes.
1. Calcula tu ingreso real disponible
No se trata solo de ver cuánto ganas, sino de cuánto te queda libre después de cubrir lo básico. Toma tus ingresos mensuales netos (ya con impuestos descontados) y réstale tus gastos fijos: renta, comida, transporte, servicios, escuela, etc.
Lo que quede es tu ingreso disponible, y de ahí saldrá el dinero para tus pagos.
2. Aplica la regla del 30%
Como norma general, tu pago mensual no debería superar el 30% de tus ingresos netos.
Si ganas 15,000 pesos, tu pago máximo recomendable sería de 4,500.
Superar ese límite significa que estás dejando poco margen para imprevistos, y cualquier gasto extra (una llanta, una enfermedad, un recibo atrasado) puede desequilibrar tus finanzas.
📊 Fórmula rápida: Ingreso mensual × 0.3 = pago mensual máximo
3. Considera tus otras deudas
Si ya tienes créditos activos — una tarjeta, un auto, un celular a plazos —, suma todos tus pagos mensuales antes de comprometerte con otro préstamo.
No caigas en el error de pensar “este pago no es tan alto, sí puedo”. El problema no es uno solo, sino la suma de todos.
4. No te confíes en ingresos variables
Si trabajas por comisiones, freelance o por tu cuenta, usa tu promedio de ingresos de los últimos seis meses, no el mejor mes que hayas tenido.
Y deja un colchón: nunca destines más del 20–25% de tu ingreso promedio a pagar deudas.
5. Simula escenarios
Haz el ejercicio: si mañana tus ingresos bajan un 10%, ¿podrías seguir pagando sin atrasarte?
Si la respuesta es no, el monto o el plazo no son los correctos.
👉 Recuerda: un préstamo no debe apretarte, debe acompañarte.
Cuando tu pago mensual cabe cómodamente en tu presupuesto, no solo reduces el estrés, sino también la posibilidad de atrasarte y pagar intereses extra. Elegir bien hoy es lo que te permitirá dormir tranquilo mañana.
Paso 3: Elige el plazo adecuado: ni muy corto, ni eterno
Elegir el plazo correcto es casi tan importante como elegir el monto. El error más común es dejarse llevar por la emoción: algunos eligen el plazo más corto para “salir rápido”, otros el más largo para “pagar poquito”. Pero en ambos casos se pierde el equilibrio.
La clave está en encontrar el punto medio entre comodidad y costo total.
1. Entiende cómo funciona el plazo
- Plazo corto: pagas menos intereses, pero las mensualidades son más altas.
- Plazo largo: pagas menos cada mes, pero terminas pagando mucho más en total.
Veamos un ejemplo práctico con un préstamo de $10,000 MXN a una tasa de interés promedio del 30% anual:
| Monto | Plazo | Pago mensual aproximado | Total pagado | Diferencia total |
| $10,000 | 6 meses | $1,900 | $11,400 | — |
| $10,000 | 12 meses | $1,050 | $12,600 | +$1,200 |
| $10,000 | 18 meses | $800 | $14,400 | +$3,000 |
Como ves, alargar el plazo baja el pago mensual, pero sube el costo total. Ese “respiro” mensual puede terminar saliendo caro.
2. Cómo elegir el plazo de préstamo ideal
- Si tienes ingresos estables y controlados, elige un plazo corto. Ahorrarás en intereses y saldrás de la deuda más rápido. Ejemplo: trabajadores con sueldo fijo, nómina o pensión regular.
- Si tus ingresos varían, opta por un plazo medio con posibilidad de pagos anticipados. Así tendrás flexibilidad para pagar más cuando te vaya bien. Ejemplo: freelancers, vendedores por comisión, emprendedores.
- Evita plazos “eternos”. Si el préstamo dura más de 24 meses y el monto es pequeño (menos de $20,000), probablemente estás pagando más de lo necesario.
3. Tip profesional
– Antes de decidirte, usa un simulador de crédito (muchos fintechs en México lo ofrecen gratis).
– Prueba con distintos plazos y observa cómo cambia el pago mensual y el total pagado.
– A veces, al acortar solo 3 o 6 meses, puedes ahorrar miles de pesos sin que el pago mensual se dispare demasiado.
El mejor plazo es aquel que te permite pagar sin estrés y sin regalar dinero al banco. No se trata de pagar rápido o despacio, sino de pagar inteligentemente.
Paso 4: Considera el costo total del crédito (no solo la tasa)
Uno de los errores más comunes al pedir un préstamo es fijarse solo en la tasa de interés. Ves un anuncio que dice “tasa desde 10% anual” y piensas: “¡es buenísimo!”. Pero cuando llega el contrato, descubres comisiones, seguros y otros cargos que suben el costo total sin que te des cuenta.
Por eso, lo que realmente importa no es la tasa, sino el costo total del crédito.
En México, ese costo se resume en una cifra: el CAT (Costo Anual Total). El CAT incluye no solo los intereses, sino también comisiones, seguros obligatorios, IVA y cualquier gasto adicional que afecte lo que terminas pagando. Es la forma más clara de comparar préstamos entre distintas instituciones.
Por ejemplo, dos préstamos pueden tener la misma tasa de interés del 20%, pero si uno tiene un CAT de 25% y otro de 45%, el segundo es mucho más caro, aunque la tasa parezca igual.
Así que antes de firmar, pregunta siempre por el CAT y compáralo. Es tu herramienta para saber cuál préstamo te conviene de verdad. Y si una institución no te lo quiere mostrar, eso ya es una señal de alerta: busca otra.
Otro punto importante es revisar si hay comisiones por apertura, por pago anticipado o por retraso. Algunas fintechs modernas ya no las cobran, pero los bancos tradicionales muchas veces sí.
Un préstamo sin comisiones ocultas puede ser mucho más barato aunque su tasa parezca un poco más alta.
En resumen:
- No te dejes llevar por la tasa “bonita”.
- Fíjate siempre en el CAT.
- Pregunta por comisiones y condiciones especiales.
Un préstamo transparente y sin costos escondidos vale mucho más que uno que parece barato al principio pero te termina costando el doble.
🌟 No te lo pierdas:
Paso 5: Simula de préstamo antes de pedir
Antes de comprometerte con cualquier préstamo, haz una simulación.Es el paso más simple y, al mismo tiempo, el que más personas salta n. Una simulación te permite saber exactamente cuánto vas a pagar cada mes, cuánto pagarás en total y si el crédito cabe o no en tu presupuesto.
Piénsalo como una prueba de manejo antes de comprar un coche: no firmarías sin probarlo, ¿verdad?
Con el dinero debe ser igual.
¿Por qué simular de préstamo?
1. Para saber si puedes pagarlo de verdad.
A veces ves una mensualidad “baja”, pero al multiplicarla por los meses descubres que el total se dispara. Simular te abre los ojos antes de comprometerte.
2. Para comparar opciones.
Cada banco o fintech tiene condiciones diferentes: tasas, comisiones, plazos. Una simulación te muestra cuál es la opción más barata y cómoda para ti.
3. Para ajustar monto y plazo.
Puedes mover el monto o el plazo hasta encontrar el equilibrio ideal entre cuota mensual y costo total. Así decides con números, no con impulsos.
Cómo hacerlo bien
- Entra al simulador oficial de la institución o usa comparadores de confianza como CONDUSEF o Buró de Entidades Financieras.
- Ingresa tres datos básicos: monto, plazo y tipo de préstamo.
- Observa tres cosas:
- El pago mensual,
- El total a pagar,
- El CAT (para comparar con otras opciones).
Si los números no encajan con tu presupuesto, ajusta antes de pedir.
Es mucho mejor mover el plazo o reducir el monto que vivir después con el agua al cuello.
En resumen:
– Simular no te compromete, no afecta tu historial y puede ahorrarte mucho dinero.
– Hazlo siempre, incluso si ya tienes una oferta “aprobada”.
– El crédito que mejor se adapta a ti no es el que se aprueba más rápido, sino el que entiendes y puedes pagar sin preocupaciones.
Paso 7: Errores comunes al elegir monto y plazo
Aunque los pasos anteriores parezcan simples, hay muchos detalles que la gente pasa por alto.
Aquí te comparto los errores más frecuentes que pueden convertir un préstamo “útil” en un dolor de cabeza.
| Error | Qué significa | Consecuencia |
| Pedir más dinero del necesario | Tomar “por si acaso” | Pagas intereses por dinero que no necesitabas |
| Elegir un plazo muy corto por salir rápido | Quieres liquidar pronto | Cuotas altas que pueden desequilibrar tu presupuesto |
| Elegir un plazo muy largo | Para pagar poco cada mes | Terminas pagando mucho más en total |
| No leer el contrato | Ignoras comisiones, seguros u otras condiciones | Sorpresas en pagos, CAT más alto de lo esperado |
| No comparar opciones | Te dejas llevar por la primera oferta | Podrías pagar más caro que en otra institución |
| Ignorar tu capacidad de pago | Basas la decisión en cuánto aprueban, no en cuánto puedes pagar | Riesgo de atrasos y sobreendeudamiento |
Consejos para evitarlos
- Haz tu cálculo antes de pedir (monto y cuota).
- Lee siempre el contrato completo, aunque te tome unos minutos.
- Compara al menos 3 opciones antes de decidir.
- No pidas dinero “porque sí”: cada peso extra cuesta y puede ser un problema futuro.
Regla de oro: el mejor préstamo no es el más rápido ni el más barato en apariencia, sino el que puedes pagar sin complicaciones y sin estrés.
Estos errores son comunes, pero totalmente evitables si sigues los pasos que vimos: calcular cuánto necesitas, conocer tu capacidad de pago, elegir el plazo adecuado, y simular antes de firmar.
Bonus: Señales de que te estás ahogando (y cómo reaccionar a tiempo)
A veces, aunque sigas todos los pasos, la vida cambia y un préstamo que parecía cómodo empieza a generar estrés. Estas son señales de alerta:
- Pagas solo el mínimo y no reduces la deuda.
- Usas un préstamo para pagar otro (efecto bola de nieve).
- Evitas revisar tus estados de cuenta porque te preocupa lo que vas a ver.
Si identificas alguna de estas señales, es momento de actuar:
- Renegocia tu crédito con la institución; muchas ofrecen ajustes de plazo o tasa.
- Busca refinanciamiento más barato si es posible.
- Habla con tu prestamista antes de atrasarte; comunicarte abre opciones y evita intereses adicionales.
Consejos de prevención
- Mantén un colchón financiero: siempre deja algo de dinero para imprevistos.
- Revisa tu presupuesto cada mes y ajusta si es necesario.
- Nunca pidas un préstamo para “cubrir gastos del día a día”; úsalo solo para necesidades reales y planificadas.